martes, 16 de junio de 2015

EVOLUCIÓN, SALUD Y NUTRICIÓN II



Desde los Austrlopithecus aferensis que citamos en el post anterior, trascurrieron un millón y medio de años, hasta la “aparición” del Homo Ergaster / Erectus (son líneas evolutivas consideradas diferentes, pero en el post los consideraré igual para facilitar el entendimiento).

El clima seguía favoreciendo que las sabanas tropicales donde se encontraban nuestros ancestros siguieran convirtiéndose en zonas desérticas, la mayoría incluso libres de árboles. Los Homo Ergaster eran homínidos bípedos, con una capacidad craneal muy parecida a la nuestra (70% de la nuestra), sus dientes eran más pequeños y el esqueleto facial era ya "bastante humano".

Los Homo Ergaster vivieron en un entorno más hostil que todos sus antepasados. Los alimentos de origen animal empezaron a ser la parte más importante de su dieta: carne, pescado, insectos, moluscos, reptiles pasaron a ser su alimentación principal y los vegetales pasaron a ser un alimento totalmente secundario. Desde entonces, hasta hace unos diez mil años (descubrimiento de la agricultura), la alimentación de los homínidos ha sido básicamente carnívora. El ambiente provocó que aumentara el consumo de alimentos de origen animal con mayor carga energética, y fueran reduciendo la ingesta de vegetales fibrosos, a excepción de algunos tubérculos y raíces. Su sistema digestivo redujo su tamaño y adoptó características parecidas al de otros animales carnívoros. Según el señor Peter Wheeler de la Universidad de Liverpol, el tamaño del sistema digestivo se redujo tanto como se incrementó el tamaño del cerebro, un 20%. Esto permitió aumentar la asimilación de nutrientes, ahorrar energía y tiempo. El cerebro dispuso de mayor cantidad de energía y esto favoreció su desarrollo. No es de extrañar que el ácido araquidónico (carne) y el DHA (pescado) sean ácidos grasos importantes para el correcto desarrollo del cerebro.


Como ya expusimos en un post pasado, parece ser que el cocinado de los alimentos fue muy importante para adaptarnos a ésta nueva alimentación. Nuestra anatomía y nuestro metabolismo produjeron adaptaciones que nos acercaron a los animales carnívoros y nos alejó de los herbívoros.

Parece ser que una de las adaptaciones producidas fue potenciar la resistencia a la insulina (RI). Al comer un buen trozo de carne, si se tuviera una alta sensibilidad a la insulina, la pequeña liberación de insulina que genera su ingesta, “introduciría” la glucosa de la sangre en los tejidos y sufriríamos una hipoglicemia. La RI es el mecanismo imprescindible para sobrevivir con una dieta pobre en hidratos de carbono. De aquí nace la idea de que la RI es un mecanismo que puede ser fisiológico, y que en la actualidad se debe diferenciar de la RI patológica que afecta a nuestra sociedad. El mecanismo es parecido, pero la RI patológica se relaciona con una glucemia elevada, niveles elevados de insulina (hiperinsulinemia), y sobretodo una “inflamación silenciosa” muy de moda en las investigaciones de los últimos años. Muchos estudios actuales confunden a la población demostrando que dietas altas en grasas y proteínas pueden generar RI, cuando parece ser que lo único que ocurre es un mecanismo fisiológico para sobrevivir en un ambiente bajo en hidratos de carbono.

El Homo Ergaster también estaba sometido a periodos de ayuno. Durante estos periodos reaccionaba igual que nosotros, liberando hormonas como el cortisol, el glucagón o la noradrenalina. Esto promueve rápidamente el consumo de glucógeno hepático, y a un aumento de la degradación de tejido adiposo para producir energía. Se liberan ácidos grasos que pueden ser utilizados por el músculo estriado y el corazón. El hígado metaboliza dichos ácidos grasos y se producen cuerpos cetónicos, que a día de hoy aún son estudiados por sus efectos positivos sobre el funcionamiento cerebral. También se descompone parte del músculo para producir glucosa, aunque se desarrollaron mecanismos para frenar la degradación del músculo, ya que éste era imprescindible para poder afrontar las largas cacerías o búsquedas de carroña. En la actualidad, muchas personas temen ayunar, ya que muchos piensan que esto provocará gran pérdida de masa muscular. Algunos de los mecanismos utilizados para evitar la degradación del músculo podrían ser:
Utilización de cuerpo cetónicos por el cerebro y el músculo (ésto reduce enormemente las necesidades de glucosa y por lo tanto la degradación de proteínas).
El glicerol y el lactato se convierten en sustratos para la gluconeogenésis.
Aumento de la concentración de IGF-1 con niveles bajos de insulina (activación del eje de la hormona de crecimiento).
Regulación de la actividad de la hormona tiroidea.

A mayor adaptación al ayuno, menor descomposición de tejido muscular. Durante el ayuno se estimulan enzimas responsables de la regneración y recuperación de la masa muscular, por lo que la ingesta suficiente de proteínas durante las comidas, también juega un papel muy importante.

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