Uno de los beneficios de la paleodieta, en mi opinión, debería ser la inclusión de una mayor variedad y cantidad de plantas en la dieta. Lejos de conocer exactamente lo que comían nuestros ancestros, es factible imaginar que el consumo de hierbajos era habitual en su dieta durante millones de años de evolución. Las plantas ancestrales desde el principio de los tiempos contienen unas proteínas conocidas como sirtuinas, responsables de la expresión de ciertos genes que les ayudan a aumentar su resistencia frente a estresores naturales como los rayos del Sol, la sequía o ciertos insectos. Las sirtuinas son estimuladas por los polifenoles (moléculas de estrés), unas sustancias químicas presentes en los vegetales, como por ejemplo el resveratrol de los frutos del bosque. Las plantas, durantes los periodos de estrés aumentan la producción de polifenoles y estos estimulan las sirtuinas, generando una respuesta de protección y de resistencia al estrés leve.
Existe la hipótesis de que los animales hemos perdido la capacidad de sintetizar polifenoles que activen nuestras sirtuinas, pero hemos conservado la capacidad de activarlas gracias a las moléculas de estrés de las plantas que consumimos (Howitz et. al, 2003). Según esta hipótesis, las plantas tienen la capacidad para anticipar un estrés mucho antes que un animal, y por lo tanto, las moléculas de estrés proporcionan una advertencia anticipada de un estresor ambiental o energético a los animales, provocando la activación de genes responsables de la conservación del organismo (mecanismo actualmente explotado por las marcas comerciales como anti-aging). Aquí reside el efecto del consumo de ciertas plantas, que nos ayudan a potenciar nuestro sistema inmune o nuestro sistema cardiovascular, y nos permiten asimilar mejor nuestros entrenamientos y potenciar nuestra salud. Esta comunicación entre especies de seres vivos se conoce como xenohormesis.
- Resveratrol Frutos del bosque, uvas negras ecológicas, chocolate, etc.
- Curcumina Cúrcuma.
- Quercitina Cebollas, ajos, puerros, té verde, brócoli, etc.
- Apigenina Própolis, miel, alcachofas, apio, perejil, etc.
- Luteolina Tomillo, perejil, menta, cítricos, etc.